QUÉ HACER FRENTE A UN ATAQUE DE ANSIEDAD

El corazón empieza a latir fuerte, te sudan las manos pero sientes frío, estás nerviosa y no sabes porqué, y el no saber porqué te pone aún más nerviosa. El corazón parece que se te va a salir del pecho. La respiración empieza a agitarse. ¿Qué está pasando? Lloras de impotencia, de incomprensión, de miedo. La situación en sí te pone más nerviosa y el corazón late cada vez más rápido y fuerte, respiras cada vez más rápido porque sientes que te ahogas y no paras de esforzarte en coger más aire cada vez. Pero es inútil. De hecho, es contraproducente. Necesitas respirar, pero no puedes. Sientes que te ahogas. 

¿Te has visto en esta situación alguna vez? 

No pretendo ser salvadora de nadie, y sé que no tengo la verdad absoluta, pero quiero compartir lo que yo hago frente a la ansiedad y frente a un ataque de ansiedad por si a alguien le puede servir. O por si a mí se me olvida y necesito recurrir a esta entrada en un momento de crisis.

Encuentra tu IKIGAI 🌱

En mi búsqueda de crecimiento personal, de encontrarme a mí misma, de haber perdido el rumbo y querer encontrarlo... me encontré con esta palabra de origen japonés. Ikigai significa la razón de vivir, aquello que nos hace levantarnos de la cama cada mañana y afrontar el día y la vida con una razón de ser. Los japoneses creen que todas tenemos nuestro propio Ikigai y encontrarlo favorece una vida más feliz, larga y sana. Y en esta sociedad frenética en la que casi parece delito pararse a escuchar nuestro cuerpo y permitirnos nuestros tiempos, me parece absolutamente necesario hablar de este concepto. 

¿Quién podría resistirse a encontrar su Ikigai y disfrutar de la vida como no nos han enseñado? 

Salir de la zona de confort: Prepararte.

Como anticipaba en el post anterior, salir de la zona de confort tiene momentos realmente horribles. Momentos que te hacen cuestionarte si tomaste la mejor decisión, momentos de dudar mucho si subir a ese avión o incluso una vez en destino buscar billetes para volverte y hacer como si esto no hubiera pasado nunca. Momentos de duda, sensación de fracaso, agotamiento, frustración. 

Sí, todas tenemos momentos así en nuestra vida cotidiana; ya sea dentro o fuera de la zona de confort, pero recordemos que en la zona de confort todo es más intenso y las experiencias negativas son más dolorosas por la intensidad de la situación. No pretendo desanimaros, sólo contar la realidad (de mis experiencias).

Si estás pensando en irte, hazlo. De verdad hazlo. Pero ten claro que tu aventura incluirá muchísimos altibajos, ¡y es que la vida no es lineal! Y menos mal. 

Para ello, para gestionar mejor esos momentos más bajos mi consejo es que te prepares un kit de auxilio emocional. (Y aunque no te vayas a ninguna parte, también prepárate un kit que es importante para todo el mundo)

Mi historia: vivir con depresión (II)

Continuación de Mi historia: vivir con depresión (I)

Era jueves y llegué para la hora de cenar a casa. Nos juntamos alrededor de la mesa para cenar y hablar de qué había pasado. No teníamos respuesta a las tantas y tantas preguntas que rondaban en nuestras cabezas... Y es que no sabemos qué proceso seguir con respecto a la salud mental hasta que la necesidad te hace aprender de golpe. 

Al día siguiente mi padre consiguió el teléfono de una psiquiatra de la que tenía buenas referencias, así que llamó y concertó cita para el martes siguiente. 

No recuerdo muy bien cómo pasé esos días, pero sé que el ambiente en casa no era el más tranquilo. Todas estábamos bastante nerviosas. Inquietud, nervios, miedos, culpas. Se me hacía bastante difícil estar en casa, la verdad. Me sentía culpable de la situación, mis padres también se sentían culpables de que yo hubiera enfermado. Necesitábamos nuestro tiempo para asumir lo que estaba pasando.

Llegó el martes y fui a consulta. Me acompañó mi padre. Era la primera vez que iba a una consulta psiquiátrica y realmente estaba acojonada. ¿Qué me encontraría allí? ¿Qué preguntas me harían? ¿Me entenderían? ¿Me querrían ingresar? ¿Me darían pastillas? Fue una consulta de lo más común, como cuando vas al médico de cabecera por una gripe. Y eso me tranquilizo tanto... Me calmó y me dio muchísima confianza; no sólo en la que se acababa de convertir en mi psiquiatra, sino en que podría curarme, en que estaba en buenas manos. 

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