Mi historia: vivir con depresión (II)

Continuación de Mi historia: vivir con depresión (I)

Era jueves y llegué para la hora de cenar a casa. Nos juntamos alrededor de la mesa para cenar y hablar de qué había pasado. No teníamos respuesta a las tantas y tantas preguntas que rondaban en nuestras cabezas... Y es que no sabemos qué proceso seguir con respecto a la salud mental hasta que la necesidad te hace aprender de golpe. 

Al día siguiente mi padre consiguió el teléfono de una psiquiatra de la que tenía buenas referencias, así que llamó y concertó cita para el martes siguiente. 

No recuerdo muy bien cómo pasé esos días, pero sé que el ambiente en casa no era el más tranquilo. Todas estábamos bastante nerviosas. Inquietud, nervios, miedos, culpas. Se me hacía bastante difícil estar en casa, la verdad. Me sentía culpable de la situación, mis padres también se sentían culpables de que yo hubiera enfermado. Necesitábamos nuestro tiempo para asumir lo que estaba pasando.

Llegó el martes y fui a consulta. Me acompañó mi padre. Era la primera vez que iba a una consulta psiquiátrica y realmente estaba acojonada. ¿Qué me encontraría allí? ¿Qué preguntas me harían? ¿Me entenderían? ¿Me querrían ingresar? ¿Me darían pastillas? Fue una consulta de lo más común, como cuando vas al médico de cabecera por una gripe. Y eso me tranquilizo tanto... Me calmó y me dio muchísima confianza; no sólo en la que se acababa de convertir en mi psiquiatra, sino en que podría curarme, en que estaba en buenas manos. 


Me explicó en detalle lo que es la depresión mayor. Hablamos de las posibles causas, de mi historia de vida, de mi genética, del tratamiento, del proceso. Fue muy humana, respetuosa, tranquilizadora. Y fue la primera vez en muchos meses que vi que eso que estaba dentro de mi cabeza y que no me hacía estar bien, no tenía que estar ahí. Estaba enferma; no era mi personalidad, no era parte de mí. Era depresión.



Me explicó cuáles podían ser mis posibles causas, me recetó antidepresivos y me explicó cómo íbamos a proceder con el tratamiento. Me recetó antidepresivos, pastillas para dormir y pastillas para la ansiedad.
Estuve yendo cada dos semanas a consulta psiquiátrica para valorar si las pastillas que me había dado me iban bien, si había que subir la dosis... De lejos lo más tedioso del proceso es esto. Sabía que tenía que ir, porque era lo que me iba a curar, pero no estaba completamente segura de querer hacerlo. No es que no quisiera curarme, es que no sabía si era lo suficientemente fuerte para enfrentarme a la nueva realidad que me esperaba.

Empezar un proceso psiquiátrico/psicológico conlleva cambios; cambios radicales en la forma de vida, en lo cotidiano, en los detalles más pequeños... Que derivan en cambios enormes en tu vida. La enfermedad te pone tu vida patas arriba y resulta que hay que volver a darle la vuelta a todo, todo. 

Paralelamente, empecé terapia psicológica con una nueva psicóloga. La quinta profesional de la psicología con la que iba a trabajar, ¿me iría bien esta vez? Tenía que ir bien, esta vez sí... La presión, el miedo y mi negatividad me acompañaban allí donde fuera... Incluso al primer día de terapia. Pero me bastó una hora, menos de una hora, para darme cuenta de que sí. Esta vez había acertado, esta vez sí. Tengo a la mejor psicóloga que podía tener, os lo aseguro. Y no sabéis lo importante que es congeniar bien con tu psicóloga, conectar y remar juntas en el camino. Llevo año y medio yendo a terapia y es la mejor decisión que pude tomar en esos momentos tan oscuros y nubosos de mi vida.

Encontrar a alguien profesional de verdad y crear un espacio cálido, de confianza y seguridad es imprescindible y necesario para poder afrontar este tipo de situaciones. Poder llegar a consulta y contar toda la verdad, ser escuchada, respetada y acompañada. No tratarte de loca, saber que digas lo que digas el ingreso será la última ultimísima decisión.

Pero... ¿qué es contar toda la verdad?
Toda la verdad es hablar de la vida cotidiana, de los pensamientos, de las actitudes, de los planes de futuro. De los "los monstruos me dicen...".

Pero la realidad es que muchas veces no lo hacemos. Y es una de las cosas más difíciles de la enfermedad. Porque esa idea de 'no estoy tan enferma' sigue por ahí, cada vez con más fuerza e intensidad. Y aprendes a mentir y engañar a todas las personas que saben que estás tan enferma.  Porque los monstruos se alimentan de la enfermedad, de los miedos, de la inseguridad, del dolor... y lo hacen absolutamente todo para seguir vivos, para seguir matándote poco a poco. Y te hacen creer que familiares, amistades y profesionales son el enemigo... Y entonces empiezas a ocultar cosas a tu terapeuta, pensamientos y actitudes nocivas que los monstruos te hacen creer que son buenas conductas y que ella quiere cambiarte, quiere moldearte a su manera, que no tiene ni idea y que te subirán la medicación.

Y esos son los momentos más difíciles del proceso: luchar contra los monstruos que habitan en una misma. Es agotador y doloroso. Por eso, a veces, vemos la muerte como una opción, como una solución a todo ese dolor. Nos sentimos tan débiles, vemos a los monstruos tan fuertes que vemos inútil luchar. No nos damos cuenta de que los monstruos se alimentan de nuestra fortaleza y que podemos encauzarlo otra vez, volver a tener esa fortaleza que nos robaron y permitir que se vayan y no molesten más.




3 comentarios :

  1. Hola bonita.
    Muchas gracias por abrirte de esa manera con gente que no te conocemos nada. Me alegro tantísimo de que encontraras un psiquiatra y una psicóloga que de verdad te ayudan. Sigue remando hacia delante, preciosa.

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  2. Uff... Pasar por esa parte del proceso en el que le mientes a la psicóloga porque te da más miedo curarte que seguir yendo a terapia. Incluso querer dejar de ir y a la vez necesitarlo con todas tus fuerzas. Menos mal que de todo se sale.
    ¡¡Besos!!

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  3. Qué importante es encontrar un buen psiquiatra/psicólogo en este proceso, es esencial, vaya. Porque si ya de por si es difícil enfrentarte a todo si no tienes un buen apoyo profesional en el que te sientas cómodo y a gusto.
    Me alegro muchísimo que encontraras a una psicóloga con la que conectaras tan bien y con una psiquiatra que te tratara con el respeto y la profesionalidad que se requiere porque, al menos en la vía pública, en el caso de mi familia no hemos tenido esa suerte y se convierte en un infierno ir a la consulta, pasar un día por un mal trago y esto no debería ser así.

    Respecto al ambiente familiar... cómo lo entiendo, todo visto desde fuera, pero en mi casa también nos hemos tenido que enfrentar a una situación parecida y es difícil digerir, pero muy importante hacer piña.
    un besito, preciosa :)

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