volver a donde todo empezó

Necesitaba alejarse del ajetreo de la ciudad, de las aglomeraciones, de las prisas, de los ruidos... Las últimas semanas habían sido muy intensas, en todos los ámbitos de su vida. Laura se sentía agotada, física y mentalmente. Sobre todo mentalmente. Así que metió un par de mudas, camisetas y libros en una bolsa... y se marchó a la casa del pueblo. 








La última vez que estuvo en aquella casa su abuela aún vivía, y no había vuelto precisamente por esto. Ya habían pasado años, pero le dolía como si acabase de suceder... Arrastraba este dolor a todas partes, una sombra que le perseguía y no le dejaba hacer vida normal; aunque se obligaba a llevar una vida feliz, lo que le fue totalmente contraproducente. Toda esta faceta que intentaba mostrar le explotó en la cara.
Sus padres cada vez la entendían menos, dejaron de verse... incluso de llamarse. Sus hermanos estaban demasiado ocupados con sus familias y trabajos, y ella no quería molestarles. Y su pareja se cansó de tantas tristeza y le abandonó. Era jueves, 23 de noviembre, volvió a casa después de un duro día de trabajo y se encontró allí una rosa y un post-it que decía:


"Me marcho. 
No puedo ayudarte y no quiero contagiarme. 
Espero que consigas ser feliz. 

Miguel." 


Se dejó caer en el sofá, con la mirada fija en la televisión apagada. No podía creérselo. ¿Cuándo se había ido al garete su vida y por qué no lo vio venir?



Su escapada a la casa del pueblo pretendía calmar este dolor, escucharse y permitirse... por primera vez en muchos años. No tenía claro qué iba a sacar en claro de aquello, pero sabía que nada en su vida mejoraría si no lo hacía de esta manera.

Y la manera que encontró fue volver a donde todo empezó: el fallecimiento de su abuela.

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